viernes, 13 de junio de 2014

En la orilla

Aprovechando que es un dia muy especial, quiero desearles FELIZ DIA DEL ESCRITOR principalmente a todos los autores que me han hecho y me hacen disfrutar de miles de historias continuamente, me abren caminos, me acompañan, me abren la mente, me hacen sentir alegria, emocion, tristeza, rabia, y mucho amor :p
*se pone sentimental*
Ademas agradecerles a todos mis lectores, que el blog ya ha superado los 100 seguidores y todavia no lo puedo creer.

Como regalo, y aprovechando la fecha, y el hecho de que hace un tiempo deje de mostrar mis escritos, hoy quiero mostrarles uno de mis cuentos que escribi hara un año y medio para un concurso (no gane nada, sniff sniff). Espero lo disfruten



En la orilla
Deje mis zapatos a un costado por debajo de mi campera, y luego apoye mis manos sobre mis rodillas y me quede sentado sobre la arena, escuchando como se mezclaba el sonido de sus granos, que eran pisados por la gente que caminaba por la playa, con el de las olas golpeando las piedras.
Observe los movimientos del mar, observe a sus bellas olas llegar y regresar. Llegar y regresar. Mientras el agua salada me hacia cosquillas en los dedos de los pies, pensaba, ¿Por qué  las olas del mar pueden irse y regresar? ¿Mientras que las personas se van, pero nunca pueden regresar? Nunca creí que ese tema fuese importante. Nunca pensé que la naturaleza había sido más justa con el mar, que con nosotros. Hasta que la conocí. Con su pelo negro, sus ojos marrones, sus labios suaves y pequeños, y esa risa, ésa, la mas contagiosa del mundo. Ella amaba el mar, tanto que a veces creí que lo amaba más que a mí. Siempre que visitábamos la playa, me decía que escuche como las olas golpeaban las piedras, como el viento acariciaba el agua, como el simple roce de sus aguas saladas hacia felices a tanta gente. Gracias a ella me di cuenta que el mar era una maravilla. Me enseño muchas cosas que me ayudaron a mejorar como persona, ella me hacia más agradable, más perceptivo, más sensible. Pero lo más importante es que lleno ese vacio que todos a veces sentimos en nuestro corazón y que creemos que nunca se va a llenar. Y luego se fue.
Ese día habíamos tomado un café en su restaurante favorito. Luego ella fue a su trabajo en el centro y yo a mi departamento a escribir un aburrido articulo para la revista en la que trabajaba. Me hubiese gustado decirle algo más que solo “Chau” en el momento que nos despedimos. Un “te amo”, un “te quiero”, un “amor”. Pero no lo hice. Y es de algo de lo que no me dejo de arrepentir. Porque su corazón de repente se detuvo, sin vacilar,
rápido, sin poder asegurarse de que había alguna persona que lo amaba. Hubiese preferido que ese momento llegara antes, cuando estaba conmigo y ser yo quien este con ella en su ultimo momento, no aquellos desconocidos que no la conocían y esperaron demasiado para pedir ayuda mientras ella agonizaba sobre una asquerosa vereda.
Dejo de pensar en ella en el momento que distingo el atardecer reflejarse sobre el mar. La gente se esta yendo. El exterior del mar se ve más rosado, y dejo que sus aguas me lleguen por encima de los tobillos. Siento que su agua me purifica, me limpia, pero no me hace sentir mejor.
Porque no importa cuantas veces venga a mirar al mar, ella no va a volver. Ella era tan bella como las olas, pero no era como ellas. Ella se tuvo que ir, pero no pudo regresar.
Anochece. El cielo gris se refleja sobre el mar. Me recuesto sobre la arena y dejo que el agua me acaricie mis piernas, mi espalda, mis cabellos. También puedo sentir el sonido de la sal en mis orejas.
Cierro los ojos y vuelvo a escuchar su risa acompañada por el sonido del mar. De repente me encuentro completamente mojado y siento como la sal hace picar mi piel. Pero no me importa.
Respiro con tranquilidad antes de que las olas me vuelvan a tapar y me acobijen en sus aguas. Así es varias veces. Hasta que llega un momento en el que, aunque el agua se vaya por unos momentos, me cuesta poder seguir respirando con tranquilidad, porque ya siento agua salada posada sobre los orificios de mi nariz, y de mis labios y comienza a escurrirse sobre mi garganta.
Vuelvo a sentir el agua taparme, y la escucho moviéndose, meciéndose sobre mí, pero ya no se aleja.
Mantengo mis ojos cerrados hasta que la dejo de escuchar. Ya no escucho, no veo ni siento.
Después de lo que seria un tiempo indeterminado para mí, vuelvo a escuchar el sonido de las olas. De repente me vuelvo a sentar, sosteniéndome con mis brazos y vuelvo a vislumbrar el mar. Pero éste está más iluminado, más brilloso, más vivo.
Siento un roce detrás mío y una pequeña risa. Cuando volteo ella me esta sonriendo. Es ella. ¿Regresó? No, yo me fui.